PROYECTO EDUCATIVO

 A lo largo de todo el curso se desarrollan actividades que han sido previamente diseñadas y programadas por el equipo educativo, para contribuir al desarrollo de las habilidades de los niños, ya sean físicas, sociales, afectivas, cognitivas… 

Objetivos generales de Caracola: 

   Expresar las necesidades básicas de salud, bienestar, juego…aprendiendo a resolver con autonomía alguna de ellas.

   Descubrir, conocer y controlar progresivamente su propio cuerpo, valorando sus posibilidades y limitaciones; y aprender a respetar las diferencias.

   Observar y explorar activamente su entorno familiar, natural y social e ir elaborando su percepción de dicho entorno y atribuyéndole significación.

   Desarrollar sus capacidades afectivas, aceptando y expresando emociones y sentimientos.

   Relacionarse con los demás y adquirir progresivamente pautas elementales de convivencia y relación social, así como ejercitarse en la resolución pacífica de conflictos.

   Comprender e interpretar los distintos mensajes orales o gestuales que se le dirigen, así como desarrollar habilidades comunicativas.

   Descubrir, experimentar y manipular diversos objetos y materiales que le permitan desarrollar sus procesos cognitivos. 

Estos objetivos se trabajan a través de actividades de psicomotricidad, música, expresión plástica, iniciación al inglés… 

Y se realizan dentro de un clima seguro donde los niños se sienten con total libertad para expresarse y actuar, convirtiéndose así en los verdaderos protagonistas del proceso de enseñanza-aprendizaje; y por tanto favoreciendo su autoestima y autonomía.
Para ello también es necesaria una atención individualizada, pues cada niño tiene unas motivaciones, unas capacidades…
en definitiva, un desarrollo personal determinado.

En este ambiente es donde también aprenden sus primeras habilidades sociales, aprenden normas, a compartir, a respetar…


RELACIÓN CON LAS FAMILIAS
 

Existen dos pilares fundamentales que intervienen en el desarrollo del niño: la familia y la escuela. Por ello, entendemos que han de establecerse adecuados cauces de comunicación entre ellos, donde se produzca un intercambio de información necesario tanto para educadoras como para padres, y en beneficio del niño. 

Esto lo hacemos a través de: 

   Encuentros informales: en el día a día, cuando dejamos y recogemos a nuestros niños, y especialmente de 9.00 a 9.30 y de 16.30 a 17.00, momento en el que los padres pueden entrar directamente al aula

   Encuentros formales: mediante reuniones organizadas y tutorías individualizadas.

   La Agenda, que va de casa a la escuela todos los días y es donde anotamos las cosas relevantes de cada jornada.

   Documentos de evaluación, donde se valora el grado de consecución de los objetivos propuestos.